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Pues iba a escribir una fábula sobre el miedo que se siente y el miedo como idea, pero el procesador de textos no ha querido que guardara lo que había escrito, y al interpretarlo como una señal del destino, he decidido no repetir y abandonar esa intención.

No sé si te habrá pasado, pero cada vez hago más caso de las señales. Si estoy hablando de algo y no me acuerdo de una palabra, pienso que quizás no sea necesaria y continuo con mi discurso como si nada.

Mi cabeza me dice que no tiene lógica y dirección lo que estaba diciendo sin esa palabra, pero la intuición me susurra al corazón que no es importante, que todo tiene más sentido así.

En el fondo tenemos miedo a que las cosas no sean como nosotros hemos planeado en nuestra mente fría y racional. ¡Qué imagen damos si no cumplimos exactamente con lo que hemos anunciado!

En el fondo nos asusta esa imagen que no deja de ser un escaparate ideal de nosotros que no se ajusta a lo que somos en nuestro interior. Y todo en pos de la valoración, aprobación y estima del otro.

¿Y si nos dejáramos ser? Quizás requiriera un trabajo de observación incondicional y aceptación total previo, pero estarás de acuerdo conmigo que la libertad no se negocia, ¿y por qué hacerlo con la nuestra propia?

No es falta de límites ni inconsciencia de lo que estoy hablando, es todo lo contrario, elegir nuestra propia senda por la que caminar sin verjas colindantes que nos marquen cual rebaño el prado en el que pastar.

Cuando ajustamos nuestro ser al ser, no hay errores ni aprendizajes, solo vida… y de eso se trata, ¿no?

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